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Septiembre me sorprende a veces
con una extraña luz
que ilumina suavemente
las primeras tardes del Otoño.
El sol envuelve de gasa transparente
las delgadas hojas del olivo;
y un aire tibio de poniente
peina, con un suspiro,
la fina hierba de mi jardín pequeño.
Sobre mi cabeza,
las postreras golondrinas del estío
se alzan al vuelo perezosas;
y como airosas bailarinas grises
parecen decir adiós al mundo
desde lo alto de la iglesia.
A mi derecha, el río -ebrio de melancolía-,
pretende ahogar con su murmullo
el tenue susurro de la fuente.
Todo es armonía y acuerdo
en esta tarde que declina.
Desde el rincón sombrío y mudo
en el que escribo los trazos de mis versos,
mi casa de madera pinta de pátina dorada
sus ángulos más oscuros.
Los niños juegan en el parque soleado
al otro lado de la ermita; y a lo lejos,
un perro vagabundo dormita solitario
y ajeno a lo que pienso.
Todo esta tranquilo y sereno,
incluso el propio viento parece estar ausente.
En tardes como esta
algunos hombres buenos
dejaron volar su mente
hacia un mundo más perfecto.
A veces,
un Otoño incipiente,
envuelve de suave luz
las últimas tardes de septiembre…
Pero algo en el aire me recuerda
que no muy lejos, el Invierno,
cabalga veloz a nuestro encuentro.
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--oOo--
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