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Abuelo…
allí donde la espiga de la memoria
nace y muere sin ser herida,
tú siembras de recuerdos el día a día
en espera que germine inútilmente
mi nombre perdido entre tus sienes.
Se retuercen serpientes asesinas
acechando aquel cobijo donde la mente
protege a sus aves escondidas.
Licuas el agua cristalina en tus pupilas
al decirme al oído sin palabras
que eres como un niño que mendiga
la tierna caricia de mi mano sobre tu frente.
Fue cayendo poco a poco
el velo del olvido ante tus ojos;
como a veces cae la bruma
sobre un mar de espuma inerte.
Sin embargo abuelo,
no todo lo vivido se perdió para siempre.
A menudo perdura un sentimiento
escondido tras el vano de la puerta,
como se esconde el agua de la lluvia
del huracán de la tormenta.
Nunca se recuerda la imagen que uno quiere
por mucho que el alzheimer dibuje soledades
sobre el lienzo inmaculado de la mente.
Siempre hay sueños insondables
dando vueltas en la noria
de un alba que no amanece.
Para eso estoy yo a tu lado, viejo,
aunque tú ya no me recuerdes.
Me enseñaste a amar la vida;
déjate querer ahora.
Seré para ti la memoria primitiva
y la paciencia que se desborda
ante un niño que te mira con ternura.
Yo estoy contigo abuelo.
Sigue tú conmigo.
Mira. Siente.
Sólo vive.
Sonríe ante mis ojos…
Sólo eso.
Yo velaré tus sueños,
siempre, siempre, viejo;
aunque yo ya no entienda tus palabras…
…y pese a que tú
ni mi nombre ya recuerdes.
--oOo--
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