EL HOMBRE CONTRA EL HOMBRE

No ladraron los perros aquella noche.
Los perros no ladran cuando tienen miedo:
se esconden
se acobardan.
Ellos saben por instinto cual es en cada momento
la verdadera condición del hombre. Por eso
aquella noche los perros no ladraron. (Y el pueblo
se quedó soportando su silencio).

Aquellos hombres entraron en la casa
y se llevaron con sus fusiles el corazón del abuelo.
Yo no vivía entonces. Pero revivo ese dolor
a través de las memoria amarga de la abuela
y de las lágrimas azules de mi madre.

Los perros no ladraron aquella noche –me dijeron.
Callaban. Tenían miedo. (Yo puedo sentir ahora
su miedo y su silencio).

Pero aún quedan hombres libres
de corazones fuertes viviendo en paz
y apaciguando con cada latido
el temeroso instinto de los perros.
(Por eso yo perdono a los hombres que se llevaron
de aquella casa la doliente querencia del abuelo).

A lo lejos ladra un perro. Y otro
más cerca le responde. Yo no quiero
que sus ladridos se vuelvan emisarios
de odio y muerte contra nadie.

Duerma, abuela.
Descanse, madre. El abuelo
está velando sus sueños.
¿No oyen cómo ladran
los perros esta noche?

Ya no quedan hombres
con fusiles en el pueblo.
Ya no quedan.

Se fueron con sus banderas, abuelo
ya se fueron. ¡Que no vuelvan
los estandartes oscuros de la guerra!

Nunca más
el hombre contra el hombre.


--oOo--

1 comentarios:

María de la Cruz Díaz dijo...

Querido José Manuel, si nuestras letras pudieran ser escudos, herramientas de paz, de reconciliación entre los humanos, si los tildes lograrán motivarlos, Ay si la poesía refrescará la conciencia...
Mientras existan poetas y seres puros,la esperanza en un mundo diferente no muere.
Bendiciones a ti poeta amigo que logras con tus poemas un nuevo horizonte en mi mirada.
Maricruz