LA TORMENTA
"Angel de la guarda…
Padre, tengo miedo.
Tengo miedo de la noche, del hombre malo
y de la araña negra.
Me da miedo la tormenta, padre,
me asusta el ulular del viento.
No apagues la luz, quédate conmigo esta noche,
veo sombras de dragones mirándome al acecho.
¿Qué se mueve bajo la cama? ¿quién vive tras el espejo?
¡Me dan miedo los fantasmas azules del silencio!
Abrázame padre, dame tu consuelo. En el colegio
hay muchachos que se burlan de mi inocencia.
No te vayas nunca, nunca te vayas; ¡espera!
Temo quedarme solo y que tú ya no me quieras.
¿Por qué te fuiste padre? ¿por qué me dejaste entonces
cuando más fuerte rugía la tormenta?
Yo perdí a mi padre a la edad de siete años.
Se fue también con él
la tierna voz del hombre que envuelve de paz al trueno.
Perdí de golpe todas las cosas buenas
que protegen a los niños de sus sueños.
Padre, no era al hombre malo a quien yo temía
(era el miedo a perder el mundo bueno de tus manos)
Padre, no era el miedo a la araña lo que yo sentía
(era al veneno de llamarte y no tenerte a mi lado)
Padre, no era la burla de los muchachos la causa de mi desdicha
(era la herida de mi orgullo sangrando ante tus ojos)
… dulce compañía”
Fue entonces, madre, fue entonces
cuando tus ojos y tus brazos fueron también los de mi padre.
Fue el escudo de tu cariño, madre,
mi confortable refugio ante la vida.
Fuiste la caricia suave, el trabajo duro
y el candor de un cuento que no se acaba nunca.
Yo perdí la sonrisa de los labios de mi padre,
tú perdiste el futuro de un amor
que yo apenas concebía.
Madre, yo crecí al amparo de tus manos
sin imaginar siquiera que tú también temblabas
como yo de puro miedo.
Ya no tengas miedo, madre, yo te quiero
y estoy contigo.
No temo ya a la sombra, ni al silencio oscuro.
Soy un hombre libre. Un hombre nuevo.
Es de noche, y está lloviendo…
Padre, madre, venid conmigo a disfrutar de la tormenta.
--oOo--
.
EL FARO
Mira
cómo saltan y rompen
las olas en el acantilado
..............mira
.....................mira
…y la espuma, ¿no la oyes gemir sobre la roca?
.............escucha
.....................escucha
............. Amor, -decías-, ¿ves aquel faro allá a lo lejos?
............¿Hasta dónde se verá el mar desde tan lejos?
Desde el faro el horizonte se ve tan grande como la tierra
y se hace más profundo en él el sentimiento de los hombres.
Mira hacia poniente, amor, y dime… ¿por qué se hará tan grande
el mar como la noche?. Mira como brilla el agua bajo la luna, mira…
¿has visto cómo gira la luz del faro?
..............mira
.....................mira
...tres... dos... uno… llega la luz.
Llega la luz del faro. Tu blusa se enciende
como una aurora; ...dos …tres… cuatro... se va.
Se va la luz que gira sobre el horizonte. El mar se vuelve
oscuro como la noche y ya no es tan profundo en él
el sentimiento de los hombres. No mires al mar ahora,
amor, no mires. Tu blusa ya no brilla como la aurora.
.............(¿Por qué me besas? ¿por qué me tocas?
............. Porque tú eres mar y yo soy ola)
…tres… dos… uno… ¡ahora, ahora!,
mira el mar ahora… ¡Vuelve la luz!
Mira la luz que envuelve los corazones.
............. (¿Por qué lloras? ¿Por qué te escondes?
............. Porque tú eres roca y yo la espuma sobre la roca.)
Yo te amaba en las fases de sombra
que hay entre dos luces. Y luego amanecías
con una luna a tus espaldas.
Entonces no sabía por qué querías subir al faro
siempre a media noche. No sabía.
¿Para ver la luz?, -te preguntaba.
¡Para amarte a oscuras!, -me decías.
--oOo--
GIGANTE
.
Ella vivió aquel día
con el alma suspendida; con el cuerpo
en el vacío; sopesando su vida,
la muerte; y fijos los ojos en el abismo.
Si al menos hubiera llovido aquella tarde –decía.
Pero no llovió. Aquel día tuvo por el contrario
un hermoso y limpio atardecer –algo extraño
en las predicciones de aquel invierno. Así
no es posible rendir cuentas a la vida: nadie merece
ser víctima de uno mismo en el ocaso
de un día tan perfecto.
Ahora es primavera. En primavera
la muerte no ronda los abismos. Ella revive
de vez en cuando el vértigo de aquellas horas
y a veces sueña que llueve en su recuerdo (y siente
caer sobre su conciencia la doliente levedad de su cuerpo)
Por fortuna aquella tarde
no llovió.
Unos niños gritan sobre el valle: ¡Gigante!
Y el eco les responde:¡Gigante! ¡Gigante! –aún más alto.
Ella se siente ahora grande y madre. Aquel invierno
simplemente ya pasó.
A veces mira a sus hijos
y cae de lo profundo del sentimiento
el recuerdo de un pálpito frío como de muerte.
¿Por qué lloras mamá? ¿Por qué nos abrazas
tan fuerte?
(Si aquella tarde no hubiera sido
… ¡tan hermosa!)
--oOo--
Ella vivió aquel día
con el alma suspendida; con el cuerpo
en el vacío; sopesando su vida,
la muerte; y fijos los ojos en el abismo.
Si al menos hubiera llovido aquella tarde –decía.
Pero no llovió. Aquel día tuvo por el contrario
un hermoso y limpio atardecer –algo extraño
en las predicciones de aquel invierno. Así
no es posible rendir cuentas a la vida: nadie merece
ser víctima de uno mismo en el ocaso
de un día tan perfecto.
Ahora es primavera. En primavera
la muerte no ronda los abismos. Ella revive
de vez en cuando el vértigo de aquellas horas
y a veces sueña que llueve en su recuerdo (y siente
caer sobre su conciencia la doliente levedad de su cuerpo)
Por fortuna aquella tarde
no llovió.
Unos niños gritan sobre el valle: ¡Gigante!
Y el eco les responde:¡Gigante! ¡Gigante! –aún más alto.
Ella se siente ahora grande y madre. Aquel invierno
simplemente ya pasó.
A veces mira a sus hijos
y cae de lo profundo del sentimiento
el recuerdo de un pálpito frío como de muerte.
¿Por qué lloras mamá? ¿Por qué nos abrazas
tan fuerte?
(Si aquella tarde no hubiera sido
… ¡tan hermosa!)
--oOo--
NO SABRÍA DESCRIBIR
.
No sabría describir
la febril intensidad de aquellas tardes.
Algún día entenderé porqué mi espíritu tranquilo
guiaba con ansia mis pasos hacia el parque
o porqué mis ojos se perdieron
en una mirada oscura como la noche.
.......(Hace algún tiempo, una muchacha,
.......venía al parque y se sentaba
.......sola frente a mí. Yo sentía sus ojos
.......deslizarse sobre la madurez de mi rostro
.......y una fuerza extraña
.......se apoderaba entonces de mi corazón).
La joven, un día
-como un ave que se alza
súbitamente en el aire- dejó de venir.
Pero yo no conseguiré olvidar
la indolente propuesta de su juventud.
La rigidez de mis manos me habla ahora
de un otoño que se aproxima
pacientemente por el norte.
.......(Me hubiera gustado preguntarle
.......qué busca una muchacha en el rostro
.......de un hombre que escribe
.......versos bajo los árboles).
--oOo--
No sabría describir
la febril intensidad de aquellas tardes.
Algún día entenderé porqué mi espíritu tranquilo
guiaba con ansia mis pasos hacia el parque
o porqué mis ojos se perdieron
en una mirada oscura como la noche.
.......(Hace algún tiempo, una muchacha,
.......venía al parque y se sentaba
.......sola frente a mí. Yo sentía sus ojos
.......deslizarse sobre la madurez de mi rostro
.......y una fuerza extraña
.......se apoderaba entonces de mi corazón).
La joven, un día
-como un ave que se alza
súbitamente en el aire- dejó de venir.
Pero yo no conseguiré olvidar
la indolente propuesta de su juventud.
La rigidez de mis manos me habla ahora
de un otoño que se aproxima
pacientemente por el norte.
.......(Me hubiera gustado preguntarle
.......qué busca una muchacha en el rostro
.......de un hombre que escribe
.......versos bajo los árboles).
--oOo--
JAMÁS, NUNCA, NADIE
.
Dicen
que mi vida es solitaria,
que mi semblante esta triste
y que ya no me aman.
Dicen
que siempre estoy solo,
que me conformo con poco
y que ya no tengo nada.
Dicen, susurran y hablan
que el mundo me ignora
y que todos me abandonan.
Dicen, dicen…
y no callan.
Pero sin embargo
ellos no saben
que yo tengo tres ángeles
que siempre me acompañan:
Un hermano de sangre,
un amigo del alma
y una mujer apasionada.
Mi hermano se llama Jamás,
mi amigo se llama Nunca
y Nadie es el nombre de mi amada.
Cuando necesito ayuda,
ternura y una palabra de aliento
mi hermano Jamás me da su consuelo.
Cuando necesito un abrazo, un consejo
o compartir mi tristeza con alguien
llamo a mi amigo del alma
y mi amigo Nunca viene.
Y cuando el amor me atormenta
y la pasión me desgarra
recurro a mi amada y a sus besos
y Nadie, como siempre,
me ofrece el calor de su pecho.
Jamás, Nunca, Nadie a mi lado.
Nadie, Nunca, Jamás conmigo.
No entiendo entonces porqué,
siendo tan afortunado,
siguen por ahí diciendo
que en esta vida yo me encuentro
solo, triste y sin amigos.
--oOo--
Dicen
que mi vida es solitaria,
que mi semblante esta triste
y que ya no me aman.
Dicen
que siempre estoy solo,
que me conformo con poco
y que ya no tengo nada.
Dicen, susurran y hablan
que el mundo me ignora
y que todos me abandonan.
Dicen, dicen…
y no callan.
Pero sin embargo
ellos no saben
que yo tengo tres ángeles
que siempre me acompañan:
Un hermano de sangre,
un amigo del alma
y una mujer apasionada.
Mi hermano se llama Jamás,
mi amigo se llama Nunca
y Nadie es el nombre de mi amada.
Cuando necesito ayuda,
ternura y una palabra de aliento
mi hermano Jamás me da su consuelo.
Cuando necesito un abrazo, un consejo
o compartir mi tristeza con alguien
llamo a mi amigo del alma
y mi amigo Nunca viene.
Y cuando el amor me atormenta
y la pasión me desgarra
recurro a mi amada y a sus besos
y Nadie, como siempre,
me ofrece el calor de su pecho.
Jamás, Nunca, Nadie a mi lado.
Nadie, Nunca, Jamás conmigo.
No entiendo entonces porqué,
siendo tan afortunado,
siguen por ahí diciendo
que en esta vida yo me encuentro
solo, triste y sin amigos.
--oOo--
EL HOMBRE CONTRA EL HOMBRE
No ladraron los perros aquella noche.
Los perros no ladran cuando tienen miedo:
se esconden
se acobardan.
Ellos saben por instinto cual es en cada momento
la verdadera condición del hombre. Por eso
aquella noche los perros no ladraron. (Y el pueblo
se quedó soportando su silencio).
Aquellos hombres entraron en la casa
y se llevaron con sus fusiles el corazón del abuelo.
Yo no vivía entonces. Pero revivo ese dolor
a través de las memoria amarga de la abuela
y de las lágrimas azules de mi madre.
Los perros no ladraron aquella noche –me dijeron.
Callaban. Tenían miedo. (Yo puedo sentir ahora
su miedo y su silencio).
Pero aún quedan hombres libres
de corazones fuertes viviendo en paz
y apaciguando con cada latido
el temeroso instinto de los perros.
(Por eso yo perdono a los hombres que se llevaron
de aquella casa la doliente querencia del abuelo).
A lo lejos ladra un perro. Y otro
más cerca le responde. Yo no quiero
que sus ladridos se vuelvan emisarios
de odio y muerte contra nadie.
Duerma, abuela.
Descanse, madre. El abuelo
está velando sus sueños.
¿No oyen cómo ladran
los perros esta noche?
Ya no quedan hombres
con fusiles en el pueblo.
Ya no quedan.
Se fueron con sus banderas, abuelo
ya se fueron. ¡Que no vuelvan
los estandartes oscuros de la guerra!
Nunca más
el hombre contra el hombre.
--oOo--
Los perros no ladran cuando tienen miedo:
se esconden
se acobardan.
Ellos saben por instinto cual es en cada momento
la verdadera condición del hombre. Por eso
aquella noche los perros no ladraron. (Y el pueblo
se quedó soportando su silencio).
Aquellos hombres entraron en la casa
y se llevaron con sus fusiles el corazón del abuelo.
Yo no vivía entonces. Pero revivo ese dolor
a través de las memoria amarga de la abuela
y de las lágrimas azules de mi madre.
Los perros no ladraron aquella noche –me dijeron.
Callaban. Tenían miedo. (Yo puedo sentir ahora
su miedo y su silencio).
Pero aún quedan hombres libres
de corazones fuertes viviendo en paz
y apaciguando con cada latido
el temeroso instinto de los perros.
(Por eso yo perdono a los hombres que se llevaron
de aquella casa la doliente querencia del abuelo).
A lo lejos ladra un perro. Y otro
más cerca le responde. Yo no quiero
que sus ladridos se vuelvan emisarios
de odio y muerte contra nadie.
Duerma, abuela.
Descanse, madre. El abuelo
está velando sus sueños.
¿No oyen cómo ladran
los perros esta noche?
Ya no quedan hombres
con fusiles en el pueblo.
Ya no quedan.
Se fueron con sus banderas, abuelo
ya se fueron. ¡Que no vuelvan
los estandartes oscuros de la guerra!
Nunca más
el hombre contra el hombre.
--oOo--
LO QUE TÚ NO SABES
.
Tú sabes
que el pelo recogido tras la nuca
te sienta bien.
Y sales a la calle con tu blusa preferida
y ese abrigo oscuro
que contrasta con la palidez de tu rostro.
Sé a dónde te diriges: es viernes.
Los viernes a las nueve en punto
quedamos en ese café de la avenida
que tanto te gusta.
Pero no sabes
que yo te sigo de cerca, detrás tuyo
por las calles de la ciudad.
Y lo hago discretamente; sin que tú lo sepas;
por ese placer absurdo
de verte caminar delante de mí.
Son las nueve menos cinco. Acelero el paso
y tomo una paralela al boulevard
para llegar a nuestra cita un segundo antes que tú.
¡Hola cariño!, -me dices con un beso-
¿llevas tiempo esperando?. Miro al reloj
y miento: Veinte minutos.
Sabes que el pelo recogido tras la nuca
te sienta bien. También sabes
que tu abrigo oscuro combina perfectamente
con el tono de la blusa. Es cierto.
Pero no sabes que al caminar
tu pie izquierdo cae graciosamente
un poquito a la derecha.
Y puestos a elegir de entre todo de lo que tú presumes
yo me quedo con ese gesto gracioso de tu pie.
Pero este es un secreto que siempre
guardaré conmigo; (y yo lo disfruto
cada viernes por las calles de mi ciudad).
--oOo--
Tú sabes
que el pelo recogido tras la nuca
te sienta bien.
Y sales a la calle con tu blusa preferida
y ese abrigo oscuro
que contrasta con la palidez de tu rostro.
Sé a dónde te diriges: es viernes.
Los viernes a las nueve en punto
quedamos en ese café de la avenida
que tanto te gusta.
Pero no sabes
que yo te sigo de cerca, detrás tuyo
por las calles de la ciudad.
Y lo hago discretamente; sin que tú lo sepas;
por ese placer absurdo
de verte caminar delante de mí.
Son las nueve menos cinco. Acelero el paso
y tomo una paralela al boulevard
para llegar a nuestra cita un segundo antes que tú.
¡Hola cariño!, -me dices con un beso-
¿llevas tiempo esperando?. Miro al reloj
y miento: Veinte minutos.
Sabes que el pelo recogido tras la nuca
te sienta bien. También sabes
que tu abrigo oscuro combina perfectamente
con el tono de la blusa. Es cierto.
Pero no sabes que al caminar
tu pie izquierdo cae graciosamente
un poquito a la derecha.
Y puestos a elegir de entre todo de lo que tú presumes
yo me quedo con ese gesto gracioso de tu pie.
Pero este es un secreto que siempre
guardaré conmigo; (y yo lo disfruto
cada viernes por las calles de mi ciudad).
--oOo--
BONDAD
.
A esa edad
en la que no se sabe aún
que el amor existe
más allá de los brazos de una madre,
unas manos grandes abrieron mi corazón.
Llovía. Hacía frío.
Un hombre sucio y bebido caía, ebrio,
sobre el fango.
La gente dudaba y miraba hacia otro lado
para no ensuciarse los ojos de miseria.
Una madre tiraba del brazo de su hijo
que señalaba, ingenuo, con el dedo.
Yo también caminaba de la mano de mi madre
y era ingenuo, como un niño.
La ciudad rugía. Parecía un animal herido
a punto de desplomarse.
Recuerdo el ruido de aquella tarde,
la lluvia, el frío
y la inmensa ruina de aquel hombre.
Alguien se ofreció a recoger del suelo
la triste imagen de aquella derrota.
Mis ojos inocentes percibieron el vigor
de unas manos grandes y solas
cubiertas de barro y de miseria humana.
Vi sonrisas encendidas apagarse de golpe
y un mar de brazos cruzados soportando
la vergüenza de su propio peso;
pero el ruido…
Mamá, ¿porqué no se oye nada?
(Por que ha pasado un ángel
Por que ha pasado un ángel)
Nunca desde entonces rechazo una mano tendida
manchada de barro. Y jamás doy la espalda
a un hombre bueno que lleva
la ruina de otro hombre en brazos.
Yo era ingenuo. Y niño. Y vivía
en ese mundo limpio
de las manos de una madre.
Siempre se aprende algo nuevo
de un hombre bueno que deja
su corazón tendido en el fango.
--oOo--
A esa edad
en la que no se sabe aún
que el amor existe
más allá de los brazos de una madre,
unas manos grandes abrieron mi corazón.
Llovía. Hacía frío.
Un hombre sucio y bebido caía, ebrio,
sobre el fango.
La gente dudaba y miraba hacia otro lado
para no ensuciarse los ojos de miseria.
Una madre tiraba del brazo de su hijo
que señalaba, ingenuo, con el dedo.
Yo también caminaba de la mano de mi madre
y era ingenuo, como un niño.
La ciudad rugía. Parecía un animal herido
a punto de desplomarse.
Recuerdo el ruido de aquella tarde,
la lluvia, el frío
y la inmensa ruina de aquel hombre.
Alguien se ofreció a recoger del suelo
la triste imagen de aquella derrota.
Mis ojos inocentes percibieron el vigor
de unas manos grandes y solas
cubiertas de barro y de miseria humana.
Vi sonrisas encendidas apagarse de golpe
y un mar de brazos cruzados soportando
la vergüenza de su propio peso;
pero el ruido…
Mamá, ¿porqué no se oye nada?
(Por que ha pasado un ángel
Por que ha pasado un ángel)
Nunca desde entonces rechazo una mano tendida
manchada de barro. Y jamás doy la espalda
a un hombre bueno que lleva
la ruina de otro hombre en brazos.
Yo era ingenuo. Y niño. Y vivía
en ese mundo limpio
de las manos de una madre.
Siempre se aprende algo nuevo
de un hombre bueno que deja
su corazón tendido en el fango.
--oOo--
ÚLTIMAS TARDES DE SEPTIEMBRE
.
Septiembre me sorprende a veces
con una extraña luz
que ilumina suavemente
las primeras tardes del Otoño.
El sol envuelve de gasa transparente
las delgadas hojas del olivo;
y un aire tibio de poniente
peina, con un suspiro,
la fina hierba de mi jardín pequeño.
Sobre mi cabeza,
las postreras golondrinas del estío
se alzan al vuelo perezosas;
y como airosas bailarinas grises
parecen decir adiós al mundo
desde lo alto de la iglesia.
A mi derecha, el río -ebrio de melancolía-,
pretende ahogar con su murmullo
el tenue susurro de la fuente.
Todo es armonía y acuerdo
en esta tarde que declina.
Desde el rincón sombrío y mudo
en el que escribo los trazos de mis versos,
mi casa de madera pinta de pátina dorada
sus ángulos más oscuros.
Los niños juegan en el parque soleado
al otro lado de la ermita; y a lo lejos,
un perro vagabundo dormita solitario
y ajeno a lo que pienso.
Todo esta tranquilo y sereno,
incluso el propio viento parece estar ausente.
En tardes como esta
algunos hombres buenos
dejaron volar su mente
hacia un mundo más perfecto.
A veces,
un Otoño incipiente,
envuelve de suave luz
las últimas tardes de septiembre…
Pero algo en el aire me recuerda
que no muy lejos, el Invierno,
cabalga veloz a nuestro encuentro.
.
--oOo--
.
Septiembre me sorprende a veces
con una extraña luz
que ilumina suavemente
las primeras tardes del Otoño.
El sol envuelve de gasa transparente
las delgadas hojas del olivo;
y un aire tibio de poniente
peina, con un suspiro,
la fina hierba de mi jardín pequeño.
Sobre mi cabeza,
las postreras golondrinas del estío
se alzan al vuelo perezosas;
y como airosas bailarinas grises
parecen decir adiós al mundo
desde lo alto de la iglesia.
A mi derecha, el río -ebrio de melancolía-,
pretende ahogar con su murmullo
el tenue susurro de la fuente.
Todo es armonía y acuerdo
en esta tarde que declina.
Desde el rincón sombrío y mudo
en el que escribo los trazos de mis versos,
mi casa de madera pinta de pátina dorada
sus ángulos más oscuros.
Los niños juegan en el parque soleado
al otro lado de la ermita; y a lo lejos,
un perro vagabundo dormita solitario
y ajeno a lo que pienso.
Todo esta tranquilo y sereno,
incluso el propio viento parece estar ausente.
En tardes como esta
algunos hombres buenos
dejaron volar su mente
hacia un mundo más perfecto.
A veces,
un Otoño incipiente,
envuelve de suave luz
las últimas tardes de septiembre…
Pero algo en el aire me recuerda
que no muy lejos, el Invierno,
cabalga veloz a nuestro encuentro.
.
--oOo--
.
ME RECUERDAS
.
Me recuerdas a un poema
que nunca escribí,
a un lugar en el sur
en el que jamás estuve,
y a un amor de juventud,
que por temor al propio amor,
por miedo no retuve.
Todo lo que en vida soñé,
y no tuve,
a ti me recuerda.
Me recuerdas al poeta
que nunca seré,
al niño que siempre fui,
y al hombre que soy ahora.
Me recuerdas a la magia de una aurora
escondida tras el aura
de una extraña luz ligera.
Todas las veredas
llevan tu nombre.
Todos los caminos
a ti se orientan.
Todas la primaveras
las golondrinas dejan
una pluma con tu recuerdo
en el umbral de mi memoria.
Todo lo abarcas tú.
Todo a ti me lleva.
A veces la vida es un sueño.
A veces los sueños son canciones.
A veces las canciones están repletas
de llaves y de puertas
que abren los corazones
más allá de las estrellas.
Me recuerdas…, ¿no te lo dije?,
a un poema que nunca escribí,
a un lugar en el sur
en el que nunca estuve,
y a un amor de juventud,
que por temor al propio amor,
por miedo, no retuve.
--oOo--
Me recuerdas a un poema
que nunca escribí,
a un lugar en el sur
en el que jamás estuve,
y a un amor de juventud,
que por temor al propio amor,
por miedo no retuve.
Todo lo que en vida soñé,
y no tuve,
a ti me recuerda.
Me recuerdas al poeta
que nunca seré,
al niño que siempre fui,
y al hombre que soy ahora.
Me recuerdas a la magia de una aurora
escondida tras el aura
de una extraña luz ligera.
Todas las veredas
llevan tu nombre.
Todos los caminos
a ti se orientan.
Todas la primaveras
las golondrinas dejan
una pluma con tu recuerdo
en el umbral de mi memoria.
Todo lo abarcas tú.
Todo a ti me lleva.
A veces la vida es un sueño.
A veces los sueños son canciones.
A veces las canciones están repletas
de llaves y de puertas
que abren los corazones
más allá de las estrellas.
Me recuerdas…, ¿no te lo dije?,
a un poema que nunca escribí,
a un lugar en el sur
en el que nunca estuve,
y a un amor de juventud,
que por temor al propio amor,
por miedo, no retuve.
--oOo--
EL CONTADOR DE ESTRELLAS
.
Soy un contador de estrellas.
Sí, de esos puntitos blancos
brillantes y enanos
que en las noches sin luna
se ven más grandes y claros.
-¿Te parece, amor, extraño?-
¡Ah!... y también cuento cometas,
meteoros, luceros…
y otros asteroides raros
que de vez en cuando
se cruzan ante mis ojos
cuando te estoy amando.
Puedo pasarme horas
contando estrellas.
En algunas noches claras
-¡hay tantas!- que no acabo.
Y me sorprende la madrugada
pintando de azul el cielo
y con algunos astros a lo lejos
sin ser aún contados.
Entonces me pongo serio
y le digo al Sol que no sea malo…
-¡que me quedan cuatro,
que son cuatro tan solo!-
que ya le contaré también a él
cuando pueda en otro rato.
Y si tengo suerte me hace caso.
Me mira entonces de reojo,
simulando un enfado
y haciéndose el despistado
se queda un ratito parado
sobre la línea del horizonte
esperando resignado
a que yo por fin acabe.
Otras noches sin quererlo
soy un contador en paro;
las nubes, la niebla
y otras veces tus manos
me impiden con su manto
seguir mirando.
Pero…
como soy un contador de estrellas
inmune al desaliento
me las imagino yo solito
brillando allá en lo alto;
y las cuento de memoria,
con los ojos cerrados…
Polar, Sirio, Casiopea
Andrómeda, Vega, Fugaz…
¿Fugaz?…. ¡Noo, Fugaz no es una estrella!.
Fugaces son las lágrimas del cielo
que caen a la Tierra
sin llegar al suelo.
¿Y los planetas?
¡Claro! a esos también los veo.
Los enumero en silencio
con un párpado bajado
y los señalo maleducado
con la punta de mi dedo.
Son ocho. A Plutón ya no lo cuento.
Marte, Urano,
Venus, Mercurio…
Son tan pocos
que los acabo muy pronto;
y así tengo toda la noche
para contar uno por uno
los miles de anillos turbios
del cuello gordo de Saturno.
Y…
¡Para qué seguir contando!
si incluso yo mismo me siento entre tus brazos
un hombre un tanto extraño.
Soy un contador de estrellas,
de galaxias y de planetas.
A veces también cuento
constelaciones, firmamentos…
y otros satélites pequeños
que giran ante tus ojos
cuando te estoy queriendo.
…
.
-¡No seas chiquillo!-
recuerdo me decías,
-¡No hagas tonterías
que vas a quedarte ciego
de tanto mirar al cielo!-
Pero yo contaba estrellas
al tiempo que te besaba;
y con el alma te decía
que lo más tierno de mi vida
era sentirme un niño
pidiéndote que me abrazaras.
Y cuando llegaba la madrugada
y la luz del día encendía
hacía del sueño un ovillo
y lo ponía junto a la almohada
para dormirme un ratito
con mis dos seres queridos:
tú, mi amor sereno,
mi candela en el alma…
y Él, mi dulce Nazareno,
mi lucero del alba.
Pero llegará ese día
que ponga fin a la vida
y haga detener por siempre
los astros en el recuerdo.
Te subiré entonces a la grupa
del Sol en mi montura
y veremos alejarse al mundo
con rumbo al Amor eterno.
Y desde allá arriba,
desde un cometa pequeño,
contaré por fin a la Tierra;
que, de tan cerca,
por no verla,
y por tenerte a ti en medio
es el único planeta,
vida mía,
que hoy en día
no cuento.
--oOo--
Soy un contador de estrellas.
Sí, de esos puntitos blancos
brillantes y enanos
que en las noches sin luna
se ven más grandes y claros.
-¿Te parece, amor, extraño?-
¡Ah!... y también cuento cometas,
meteoros, luceros…
y otros asteroides raros
que de vez en cuando
se cruzan ante mis ojos
cuando te estoy amando.
Puedo pasarme horas
contando estrellas.
En algunas noches claras
-¡hay tantas!- que no acabo.
Y me sorprende la madrugada
pintando de azul el cielo
y con algunos astros a lo lejos
sin ser aún contados.
Entonces me pongo serio
y le digo al Sol que no sea malo…
-¡que me quedan cuatro,
que son cuatro tan solo!-
que ya le contaré también a él
cuando pueda en otro rato.
Y si tengo suerte me hace caso.
Me mira entonces de reojo,
simulando un enfado
y haciéndose el despistado
se queda un ratito parado
sobre la línea del horizonte
esperando resignado
a que yo por fin acabe.
Otras noches sin quererlo
soy un contador en paro;
las nubes, la niebla
y otras veces tus manos
me impiden con su manto
seguir mirando.
Pero…
como soy un contador de estrellas
inmune al desaliento
me las imagino yo solito
brillando allá en lo alto;
y las cuento de memoria,
con los ojos cerrados…
Polar, Sirio, Casiopea
Andrómeda, Vega, Fugaz…
¿Fugaz?…. ¡Noo, Fugaz no es una estrella!.
Fugaces son las lágrimas del cielo
que caen a la Tierra
sin llegar al suelo.
¿Y los planetas?
¡Claro! a esos también los veo.
Los enumero en silencio
con un párpado bajado
y los señalo maleducado
con la punta de mi dedo.
Son ocho. A Plutón ya no lo cuento.
Marte, Urano,
Venus, Mercurio…
Son tan pocos
que los acabo muy pronto;
y así tengo toda la noche
para contar uno por uno
los miles de anillos turbios
del cuello gordo de Saturno.
Y…
¡Para qué seguir contando!
si incluso yo mismo me siento entre tus brazos
un hombre un tanto extraño.
Soy un contador de estrellas,
de galaxias y de planetas.
A veces también cuento
constelaciones, firmamentos…
y otros satélites pequeños
que giran ante tus ojos
cuando te estoy queriendo.
…
.
-¡No seas chiquillo!-
recuerdo me decías,
-¡No hagas tonterías
que vas a quedarte ciego
de tanto mirar al cielo!-
Pero yo contaba estrellas
al tiempo que te besaba;
y con el alma te decía
que lo más tierno de mi vida
era sentirme un niño
pidiéndote que me abrazaras.
Y cuando llegaba la madrugada
y la luz del día encendía
hacía del sueño un ovillo
y lo ponía junto a la almohada
para dormirme un ratito
con mis dos seres queridos:
tú, mi amor sereno,
mi candela en el alma…
y Él, mi dulce Nazareno,
mi lucero del alba.
Pero llegará ese día
que ponga fin a la vida
y haga detener por siempre
los astros en el recuerdo.
Te subiré entonces a la grupa
del Sol en mi montura
y veremos alejarse al mundo
con rumbo al Amor eterno.
Y desde allá arriba,
desde un cometa pequeño,
contaré por fin a la Tierra;
que, de tan cerca,
por no verla,
y por tenerte a ti en medio
es el único planeta,
vida mía,
que hoy en día
no cuento.
--oOo--
NADANDO EN LO PROFUNDO
.
Algunas noches
me voy al río solo a nadar en lo profundo.
Quien no me conozca pensará
que soy un hombre que no tiene miedo a nada:
ni a la noche, ni al río,
ni a la soledad.
Si supieran lo que yo sé
no dirían que soy un hombre
que no tiene miedo a nada.
Hace algún tiempo que me persigue
el rostro de un muchacho.
De pequeño ese rostro se acercaba a mí,
tenía nombre, me daba la mano,
jugaba conmigo.
Una tarde unos chicos nos rodearon.
Todo comenzó con una broma, con una burla…
luego vinieron los insultos, las patadas
y los golpes -cosas de niños.
Así empezó todo, yo lo vi. Primero fue a mi amigo:
con las manos se cubría la cara de los golpes
mientras la sangre corría lenta por su boca.
Cerré los ojos. Ignoré la sangre. Silencié las voces
que me llamaban; y eché a correr detrás del miedo
para no ver el rostro de un amigo gritando mi nombre.
Por eso, a veces, cuando oigo llorar;
cuando escucho pedir
o cuando veo al pájaro, inmóvil, caer bajo la rueda,
me voy corriendo al río, solo, en la noche,
a nadar en lo profundo.
Porque el agua fría de los ríos
me hace olvidar rostros que me persiguen;
silencia voces de amigo;
y limpia de sangre la boca de los inocentes.
Hay quien piensa todavía
que soy un hombre sin miedo
solo porque me ven nadar a oscuras
de noche y en lo profundo.
Era un niño. Yo lo sé. Y sé
que ustedes lo comprenden
-aunque eso no me hará olvidar
el rostro de aquel amigo-.
--oOo--
LOS CABALLOS DE LUXOR
.
Yo estuve en Luxor.
Pero apenas puedo recordarlo.
Y recorrí las columnas y patios de sus templos milenarios;
.......(pero he olvidado ya los nombres y los patios)
Y navegué sobre las aguas de un Nilo fértil y sagrado;
.......(desbordado para siempre del pantano de mi memoria)
Y viví en la Medina las sonrisas de sus niños;
.......(y hoy es sólo mueca lo que evoca su recuerdo)
Yo estuve en Luxor.
Pero apenas puedo describirlo.
Y me visitó la magia de la cobra y la sombra del escarabajo;
.......(pero ambos son leyendas de faraones enterrados)
Escuché la música del viento sobre la palma y el tamarindo;
.......(y sus notas se enterraron bajo la arena del desierto)
Probé del dátil dulce y del fruto del olivo;
.......(pero ahora es sólo hiel lo que rezuma por mis labios)
Paseé por sus ruidosas calles en calesas de caballos…
y sin embargo, esto es,
lo único que no he olvidado.
Yo estuve en Luxor;
pero sólo recuerdo los ojos de los caballos
.......y su hambre impuesta al interés del beneficio
.......y la intensidad de su relincho mendigando una caricia
.......y la silueta de unos lomos huesudos y llagados
.......y el cansancio de sus grupas sometidas al castigo
.......y el sonido de la fusta golpeando carne viva
.......y la rutina de sus vidas al servicio del turismo
.......y el hedor a estiércol de sus establos inhumanos
Id a Luxor.
Pero si tenéis conciencia
no subáis a las calesas.
Si os late el corazón
no miréis a los caballos.
Si queréis recordar el nombre de las cosas
ignorad el nombre de las yeguas.
Yo estuve en Luxor;
pero sólo recuerdo los ojos de un caballo,
y el esbozo de estos versos que escribí en su calesa.
¿Qué fue de aquel jinete Nubio,
paradigma de la historia,
que trataba con honor la vida de su montura?.
La decadencia de una cultura comienza
y acaba siempre
en el corazón de sus hombres.
--oOo--
Yo estuve en Luxor.
Pero apenas puedo recordarlo.
Y recorrí las columnas y patios de sus templos milenarios;
.......(pero he olvidado ya los nombres y los patios)
Y navegué sobre las aguas de un Nilo fértil y sagrado;
.......(desbordado para siempre del pantano de mi memoria)
Y viví en la Medina las sonrisas de sus niños;
.......(y hoy es sólo mueca lo que evoca su recuerdo)
Yo estuve en Luxor.
Pero apenas puedo describirlo.
Y me visitó la magia de la cobra y la sombra del escarabajo;
.......(pero ambos son leyendas de faraones enterrados)
Escuché la música del viento sobre la palma y el tamarindo;
.......(y sus notas se enterraron bajo la arena del desierto)
Probé del dátil dulce y del fruto del olivo;
.......(pero ahora es sólo hiel lo que rezuma por mis labios)
Paseé por sus ruidosas calles en calesas de caballos…
y sin embargo, esto es,
lo único que no he olvidado.
Yo estuve en Luxor;
pero sólo recuerdo los ojos de los caballos
.......y su hambre impuesta al interés del beneficio
.......y la intensidad de su relincho mendigando una caricia
.......y la silueta de unos lomos huesudos y llagados
.......y el cansancio de sus grupas sometidas al castigo
.......y el sonido de la fusta golpeando carne viva
.......y la rutina de sus vidas al servicio del turismo
.......y el hedor a estiércol de sus establos inhumanos
Id a Luxor.
Pero si tenéis conciencia
no subáis a las calesas.
Si os late el corazón
no miréis a los caballos.
Si queréis recordar el nombre de las cosas
ignorad el nombre de las yeguas.
Yo estuve en Luxor;
pero sólo recuerdo los ojos de un caballo,
y el esbozo de estos versos que escribí en su calesa.
¿Qué fue de aquel jinete Nubio,
paradigma de la historia,
que trataba con honor la vida de su montura?.
La decadencia de una cultura comienza
y acaba siempre
en el corazón de sus hombres.
--oOo--
EL RÍO
El río…
parece que fuera el mismo,
pero ya no es el mismo.
Tampoco yo soy el de entonces:
aquel niño que pescaba en sus orillas
con una vida de ilusiones por delante.
Cuando era un chiquillo
me gustaba escuchar al río jugando entre los álamos.
Su espuma era mi castillo, su murmullo
¡mi tesoro!, y cuántas veces sus peces de colores
fueron juguetes vivos saltando entre mis manos.
Yo pescaba y él reía.
Yo crecía y él me hablaba;
y sus aguas cristalinas fueron para mí,
durante mucho tiempo, un mundo mágico y tranquilo.
La vida era pura y transparente a la orilla de aquel río.
Sentí tantas veces su cálida armonía
que el futuro llegaba a mi encuentro
como una ola de ternura; y la vida, agazapada,
colmaba de ilusiones mi presente.
No siempre estuve solo. A veces
un amor me sonreía;
y entre besos y caricias
jugábamos a escribir nuestros nombres
en las ramas de los sauces.
Y hoy, de nuevo aquí,
a solas con mis recuerdos,
veo abrirse ante mis ojos la feliz historia de mi pasado;
y la vida sale al paso transparente como entonces.
Pero ya nada tendrá de nuevo
la magia de aquellos días.
Pronto llegará esa aurora con el tiempo
que ponga fin a mi vida y entierre en esta orilla
mi memoria para siempre. Entonces, ya no habrá
más vida que mi ausencia en esta vida;
no habrá un futuro con el que soñar,
ni un amor que me sonría,
ni habrá apenas un atisbo
de esperanza ante mi suerte.
Mi espíritu romántico tomará otro rumbo
cuando yo me vaya.
El río seguirá su curso
y mi alma se perderá colina abajo
con los meandros de la tarde.
Cuando yo me haya ido anidará junto a mi aliento
un jilguero con mi nombre
y yo me habré marchado con el viento
para siempre de este mundo.
Permanecerá la huella de mi pasado
vagando libre por el valle; y yo me quedaré sólo,
sin álamos, sin amores, sin peces vivos de colores;
y el río se volverá como ausente, cuando yo me vaya.
Yo le perderé para siempre;
y él se perderá en el bosque
buscando en sus orillas
a otro niño que le escuche.
--oOo--
SINTIENDO LA PAZ
.
Bajé del automóvil. Anduve
unos pasos. Apenas unos pasos
hacia la casa.
Una lluvia repentina de septiembre
comenzó a caer súbitamente
sobre la tarde y sobre mí.
(Me detengo. Estoy
frente a la puerta.
La lluvia cae ahora
con fuerza hacia la tierra.
La siento proyectarse, oblicua
ante mis ojos. Miro la casa. Alzo mi rostro
al cielo. Y sin saber porqué
me abandono.
Profundamente me abandono a esa paz
que cae sobre mis hombros,
sobre mi cabeza
largo tiempo. Tanto tiempo
que ya no puedo más (y entonces
comprendo porqué mis brazos se han vuelto
transparentes como el agua).
Entro en la casa. Mi mujer
espera. Me llama. Se acerca a mí.
Duda. Siente la humedad de mi cuerpo.
Me mira. Fijamente me mira. Finalmente
se entrega
.......a mi abrazo,
................a mi aliento;
y se abandona.
Tal vez
la paz del espíritu
sea esto: un improvisado,
sereno,
profundo abandono.
--oOo--
Bajé del automóvil. Anduve
unos pasos. Apenas unos pasos
hacia la casa.
Una lluvia repentina de septiembre
comenzó a caer súbitamente
sobre la tarde y sobre mí.
(Me detengo. Estoy
frente a la puerta.
La lluvia cae ahora
con fuerza hacia la tierra.
La siento proyectarse, oblicua
ante mis ojos. Miro la casa. Alzo mi rostro
al cielo. Y sin saber porqué
me abandono.
Profundamente me abandono a esa paz
que cae sobre mis hombros,
sobre mi cabeza
largo tiempo. Tanto tiempo
que ya no puedo más (y entonces
comprendo porqué mis brazos se han vuelto
transparentes como el agua).
Entro en la casa. Mi mujer
espera. Me llama. Se acerca a mí.
Duda. Siente la humedad de mi cuerpo.
Me mira. Fijamente me mira. Finalmente
se entrega
.......a mi abrazo,
................a mi aliento;
y se abandona.
Tal vez
la paz del espíritu
sea esto: un improvisado,
sereno,
profundo abandono.
--oOo--
OTROS TIEMPOS
.
Caminábamos
sobre los raíles con los brazos abiertos
exhibiendo el equilibrio impropio de la juventud.
Mirábamos al sol;
nos dábamos la mano;
sentíamos la vibración subir desde la tierra.
Nos dejábamos llevar por ese temblor rítmico
de las traviesas sintiendo al tren; y entonces
comprendíamos que la amistad es ante todo
una compañía silenciosa.
Los trenes pasaban por Vitoria
en su trayecto Madrid-Irún-Madrid.
Transportaban gente anónima y trabajadora
que respondía con melancolía al saludo de nuestras manos.
Aquellos ferrocarriles eran oscuros y lentos
y dejaban a su paso el olor amargo
y rancio de los hierros.
Eran otros trenes, otras épocas;
y era, sobre todo,otra juventud la nuestra.
Ahora los trenes van –o vienen- velozmente desde el norte
y ya no son oscuros ni grises como entonces.
A veces viajo hacia el sur en un tren
veloz y moderno y aún siento la paz del campo
desbordarse en mi corazón. Pero ya no hay jóvenes
saludando a nuestro paso
ni comprendiendo aquella vibración serena
que ascendía lentamente desde la tierra.
Ya nadie entiende que una amistad pueda ser
esa calma silenciosa de ver pasar los trenes
cogidos de la mano.
Aquel fue otro tiempo; otra época.
Aquella fue, sin duda,
otra juventud la nuestra.
--oOo--
Caminábamos
sobre los raíles con los brazos abiertos
exhibiendo el equilibrio impropio de la juventud.
Mirábamos al sol;
nos dábamos la mano;
sentíamos la vibración subir desde la tierra.
Nos dejábamos llevar por ese temblor rítmico
de las traviesas sintiendo al tren; y entonces
comprendíamos que la amistad es ante todo
una compañía silenciosa.
Los trenes pasaban por Vitoria
en su trayecto Madrid-Irún-Madrid.
Transportaban gente anónima y trabajadora
que respondía con melancolía al saludo de nuestras manos.
Aquellos ferrocarriles eran oscuros y lentos
y dejaban a su paso el olor amargo
y rancio de los hierros.
Eran otros trenes, otras épocas;
y era, sobre todo,otra juventud la nuestra.
Ahora los trenes van –o vienen- velozmente desde el norte
y ya no son oscuros ni grises como entonces.
A veces viajo hacia el sur en un tren
veloz y moderno y aún siento la paz del campo
desbordarse en mi corazón. Pero ya no hay jóvenes
saludando a nuestro paso
ni comprendiendo aquella vibración serena
que ascendía lentamente desde la tierra.
Ya nadie entiende que una amistad pueda ser
esa calma silenciosa de ver pasar los trenes
cogidos de la mano.
Aquel fue otro tiempo; otra época.
Aquella fue, sin duda,
otra juventud la nuestra.
--oOo--
NIÑOS SILENCIOSOS
.
El sonido del timbre a las cinco
abría de par en par las puertas de la tarde.
Yo era un niño tímido y silencioso. Uno
de esos niños que siempre salen
los últimos de la clase.. Esperaba mi turno al fondo,
en ese lugar tranquilo donde la soledad del crucifijo
y los pupitres crecía poco a poco a partir de aquella hora.
A medida que mis compañeros salían a toda prisa
con sus sonrisas e ilusiones y se perdían
las voces en el pasillo, la escuela se volvía para mí
más humana y afectiva.
A pesar de mi corta edad y de no comprender
en ese tiempo los entresijos de la vida, yo amaba
aquel silencio que amparaba
como una madre
los fantasmas de mi niñez.
A las cinco de la tarde
una parte de mi alma
se quedada muda tras de mí. (Ahora sé
.........por que las últimas filas de las aulas
.........están llenas de niños silenciosos)
--oOo--
El sonido del timbre a las cinco
abría de par en par las puertas de la tarde.
Yo era un niño tímido y silencioso. Uno
de esos niños que siempre salen
los últimos de la clase.. Esperaba mi turno al fondo,
en ese lugar tranquilo donde la soledad del crucifijo
y los pupitres crecía poco a poco a partir de aquella hora.
A medida que mis compañeros salían a toda prisa
con sus sonrisas e ilusiones y se perdían
las voces en el pasillo, la escuela se volvía para mí
más humana y afectiva.
A pesar de mi corta edad y de no comprender
en ese tiempo los entresijos de la vida, yo amaba
aquel silencio que amparaba
como una madre
los fantasmas de mi niñez.
A las cinco de la tarde
una parte de mi alma
se quedada muda tras de mí. (Ahora sé
.........por que las últimas filas de las aulas
.........están llenas de niños silenciosos)
--oOo--
EN UN RINCÓN DE LA MEMORIA
.
Abuelo…
allí donde la espiga de la memoria
nace y muere sin ser herida,
tú siembras de recuerdos el día a día
en espera que germine inútilmente
mi nombre perdido entre tus sienes.
Se retuercen serpientes asesinas
acechando aquel cobijo donde la mente
protege a sus aves escondidas.
Licuas el agua cristalina en tus pupilas
al decirme al oído sin palabras
que eres como un niño que mendiga
la tierna caricia de mi mano sobre tu frente.
Fue cayendo poco a poco
el velo del olvido ante tus ojos;
como a veces cae la bruma
sobre un mar de espuma inerte.
Sin embargo abuelo,
no todo lo vivido se perdió para siempre.
A menudo perdura un sentimiento
escondido tras el vano de la puerta,
como se esconde el agua de la lluvia
del huracán de la tormenta.
Nunca se recuerda la imagen que uno quiere
por mucho que el alzheimer dibuje soledades
sobre el lienzo inmaculado de la mente.
Siempre hay sueños insondables
dando vueltas en la noria
de un alba que no amanece.
Para eso estoy yo a tu lado, viejo,
aunque tú ya no me recuerdes.
Me enseñaste a amar la vida;
déjate querer ahora.
Seré para ti la memoria primitiva
y la paciencia que se desborda
ante un niño que te mira con ternura.
Yo estoy contigo abuelo.
Sigue tú conmigo.
Mira. Siente.
Sólo vive.
Sonríe ante mis ojos…
Sólo eso.
Yo velaré tus sueños,
siempre, siempre, viejo;
aunque yo ya no entienda tus palabras…
…y pese a que tú
ni mi nombre ya recuerdes.
--oOo--
Abuelo…
allí donde la espiga de la memoria
nace y muere sin ser herida,
tú siembras de recuerdos el día a día
en espera que germine inútilmente
mi nombre perdido entre tus sienes.
Se retuercen serpientes asesinas
acechando aquel cobijo donde la mente
protege a sus aves escondidas.
Licuas el agua cristalina en tus pupilas
al decirme al oído sin palabras
que eres como un niño que mendiga
la tierna caricia de mi mano sobre tu frente.
Fue cayendo poco a poco
el velo del olvido ante tus ojos;
como a veces cae la bruma
sobre un mar de espuma inerte.
Sin embargo abuelo,
no todo lo vivido se perdió para siempre.
A menudo perdura un sentimiento
escondido tras el vano de la puerta,
como se esconde el agua de la lluvia
del huracán de la tormenta.
Nunca se recuerda la imagen que uno quiere
por mucho que el alzheimer dibuje soledades
sobre el lienzo inmaculado de la mente.
Siempre hay sueños insondables
dando vueltas en la noria
de un alba que no amanece.
Para eso estoy yo a tu lado, viejo,
aunque tú ya no me recuerdes.
Me enseñaste a amar la vida;
déjate querer ahora.
Seré para ti la memoria primitiva
y la paciencia que se desborda
ante un niño que te mira con ternura.
Yo estoy contigo abuelo.
Sigue tú conmigo.
Mira. Siente.
Sólo vive.
Sonríe ante mis ojos…
Sólo eso.
Yo velaré tus sueños,
siempre, siempre, viejo;
aunque yo ya no entienda tus palabras…
…y pese a que tú
ni mi nombre ya recuerdes.
--oOo--
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